El nearshoring sostiene la carga mientras los fletes asoman la cabeza
Lectura de Spotter
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México entra a 2024 en una expansión moderada pero de fondo poderoso: el PIB creció 2.5% anual al cierre de 2023, empujado por una ola de inversión fija bruta privada (+19.5%) que está reacomodando la manufactura hacia el norte. La industria manufacturera repunta (+2.3%) y la exportación automotriz se dispara (+26.9%), el mejor termómetro de que el relocalización llegó para quedarse.
Para el autotransporte de carga, sin embargo, la historia apenas cambia de capítulo. Tras un 2023 de fletes a la baja, los ingresos del sector pasaron de caer −12% a apenas +0.2% anual: una recuperación real pero frágil. El costo de los insumos —diésel e INPP— sigue apretando el margen, y el peso fuerte (16.82 por dólar) abarata las refacciones importadas pero comprime los ingresos en dólares del transportista. Con la tasa de Banxico anclada en 11%, renovar flota sigue caro.
En los carriles, el mapa de Windage pinta un país de dos velocidades: el Bajío y Saltillo hacia Laredo entran en bonanza por el jalón automotriz, mientras el Centro (CDMX) hacia la frontera sigue en competencia por la sobreoferta de camiones de regreso. La postura correcta cambia según de qué lado del contrato estés: el transportista sostiene y protege margen con escalador de diésel; el embarcador conviene fijar a plazo antes de que la tensión suba la tarifa.
Lo que sigue: si la producción industrial estadounidense sostiene el pedido, el segundo trimestre podría consolidar la recuperación de tarifas. El comodín sigue siendo la seguridad en el corredor noreste, donde el robo mantiene la prima de riesgo elevada.